ACERCAMIENTO AL DESNUDO EN LA PINTURA

JESSICA ARENAS P.

El desnudo, al menos desde el Renacimiento, ha sido una constante en la historia del arte, sin embargo, el siglo XIX marca un punto de inflexión en cuanto a la concepción del desnudo, toda vez que en unas cuantas décadas se suceden o incluso coexisten distintas formas de plantear el desnudo femenino.

En la pintura académica, que con mayor o menor adhesión, se practica durante todo el siglo XIX, el desnudo es bien considerado en la medida que se justifica por el tema, siendo usual que no se representen mujeres corrientes sino que más bien personajes. El realismo, sin embargo, viene a cambiar las cosas, en el sentido que por primera vez el tema no justifica la desnudez, superándose la concepción del desnudo como un simple estudio de modelos, o representaciones heroicas o alegóricas[1], para ofrecer una visión  directa del cuerpo, donde el desnudo se concebía como algo inherente a la descripción de un asunto real, que es el que lo justificaba[2], con el consecuente escándalo de la sociedad burguesa.

En estas representaciones, no se idealiza la belleza de la mujer, sino que se la presenta como de carne y hueso, siendo la casualidad la forma más usual de mostrar el cuerpo desnudo, toda vez que con ello se hacía más creíble la escena, circunstancia que no impidió que también se trabajara el desnudo en el taller o la academia, lo que por cierto importaba evidenciar su intencionalidad.

1

Mujer subiéndose las medias. Henri de Toulouse Lautrec. 1894. 

El desnudo en las obras de Toulouse Lautrec comparte las características generales del desnudo impresionista no justificado por el contexto, sin embargo, este artista se centra en las bailarinas y mujeres de cabaret.

En el Impresionismo y Postimpresionismo, los desnudos siguen, en general, las pautas del realismo, no hay motivo alguno para que las mujeres estén desnudas, han sido deliberadamente desnudadas con la finalidad de satisfacer con su contemplación, y el espectador las sorprende en su desnudez, como si fuera un “mirón”, el cuerpo femenino se plantea explícitamente como objeto de deseo sexual. Así, el cuerpo está desvestido con una finalidad determinada, lo que es recogido por Carlos Reyero, quien distingue entre mujer desnuda y desvestida, entendiendo que ésta última ha prescindido intencionada y circunstancialmente del vestido, un elemento consustancial al ser humano en su contexto social y cultural (…) frente a la plenitud del desnudo se revela la intencionalidad de quien se encuentra desvestida (…) el término desvestida fue utilizado originariamente para subrayar el carácter realista y provocador de la representación del cuerpo (…) Frente al carácter sustantivo del término desnudo, desvestidas es un adjetivo, un atributo. Solo quiere precisar la situación del cuerpo[3].

 Aunque el siglo ha avanzado la sociedad burguesa sigue considerando inaceptable los rotundos desnudos de los impresionistas, que no están amparados bajo temas mitológicos o religiosos, lo que no impide que artistas como Renoir, Cézanne o Degas tomen el cuerpo de la mujer desnuda y lo representen desde los más diversos puntos de vista (Fig.2 y 3). Gaugin y Toulouse-Lautrec, también comparten esta tendencia centrándose el primero en las exóticas isleñas desnudas que se muestran en armonía con la naturaleza, en tanto que el segundo dirige su mirada hacia  as bailarinas, el cabaret y los espectáculos.

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Torse, effet de soleil. Pierre Auguste Renoir. 1875-1876. Esta obra es un ejemplo del desnudo impresionista, que simplemente expone el cuerpo femenino desde los mas diversos puntos de vista, no justificándolo en temas  mitológicos o religiosos.

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Echo and Narcissus, John Williams Waterhouse. 1903. En el simbolismo, el cuerpo desnudo es el gran protagonista, en una suerte de dicotomía “´pecado-virtud”, la “femme fatale” y la “mujer mitificada”

En el simbolismo, el cuerpo desnudo es el gran protagonista, así la pintura simbolista usa el cuerpo femenino para atraer al espectador y proyectarle reflexiones premeditadas, el cuerpo de la mujer deja de responder a una narración para convertirse en un mero instrumento evocador[4] . Estas evocaciones aluden a la clásica dicotomía bien-mal, pecado-virtud, representándose a la “femme fatale”, una mujer tentadora, perversa y hermosa que encarna el dominio de las pasiones corporales sobre la razón, con una elevada connotación sexual y a su vez se recurre a la “mujer mitificada”, una mujer pura, dotada de una belleza y dulzura angelical e idealizada, que aparece desnuda solo cuando se justifica por el tema representado.

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  Mujer Durmiendo. Frances Gimeno. 1898. En esta pintura realista no se idealiza la belleza de la mujer y se utiliza la casualidad para mostrar el cuerpo desnudo, a fin de dar mas credibilidad a la escena

[1] Sobre este punto hay que considerar que Es evidente que los desnudos alegóricos o mitológicos exigían lo que ha dado en denominarse “el pudor de la abstracción; el sexo se esconde profundamente bajo un velo de convenciones, códigos estéticos y morales, que justifican la ausencia sexual sin poner en cuestión la representación del desnudo. (Reyero, C. Desvestidas. El cuerpo y la forma real. 2009. Alianza Editorial.  Madrid. España).

[2] Reyero, C. Desvestidas. El cuerpo y la forma real. 2009. Alianza Editorial.  Madrid. España. Pp. 29.

[3] Ibid. Pp. 30.

[4] Val Cubero, P. Op. Cit. Pp.135

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